jueves, 21 de marzo de 2013

Fragmento de mi adiós


(...) En mi mundo desierto e incivilizado yo seré la única con aspiraciones aladas y ansias de estrellas, ¿acaso no fue eso lo que antaño creí tan profunda y erróneamente? Humana tal vez ya no sea tanto, los humanos no lo son en sí mismos solamente, necesitan de otros para serlo. 
Poco a poco iré olvidando las heridas y la confusión y con ellas también los momentos de falsos éxtasis, que quizás hayan sido realidad, la única realidad. Asimilaré mi pequeñísimo rol en el Universo, el insignificante y al mismo tiempo invaluable papel de vivir en paz y felicidad.
Llamaré con el recuerdo a los poetas inspiradores y a los amores que lo son aún más, entonces me llamaré cobarde. Y después de un rato volveré a sonreirle a los helechos, a alimentar al gato y a maldecir a la suerte. Al atardecer pondré un vinilo polvoriento y rayado en el viejo tocadiscos de mi abuelo. Luego abriré las puertas y las ventanas para que los últimos rayos del sol toquen cada rincón desteñido y también para que la música se extienda y corra lejos, sin pies pero con alma, como una señal que es al mismo tiempo de ayuda y de pedido de auxilio. 
Entonces saldré afuera para hacer flamear la pollera desvencijada y para gritarle al sol que me espere, porque un día como cualquier otro, olvidaré del todo al helecho, al gato y a los poetas y me uniré al él.