domingo, 24 de enero de 2016

Crisis del 2001

-¿Vos te acordás algo de la crisis del 2001? Se van a cumplir 50 años desde que pasó.
-¿Tanto? Y, mirá... yo era muy chiquita. Me acuerdo de la puerta de la perfumería de la vuelta tapada con tablones… Agus, ¿vos seguís pensando en estudiar Historia, no?
-Más vale, tía.
-Muy bien, hacelo. Sabés... Yo conocí a alguien que quería estudiar Historia pero al final no lo hizo. Y lo conocí gracias a esa crisis. 
-No me digas que era algún amorcito tuyo. Nunca hablás de eso. Yo a vos sí te cuento de lo mío con Almendra. ¿Lo conociste en Facebook, como hacían todos los dinosaurios de tu época?
-Bah, vaya a saber cómo se llama la porquería que usan ustedes ahora. Pero sí, eso tuvo que ver un poco. Y la crisis también, porque el muchacho nació en Buenos Aires, pero como los padres se quedaron sin trabajo, vinieron a vivir acá.
-Vos eras linda de joven, tiíta. 
-Si eso es un halago, lo estás haciendo mal. Y si me vas a pedir que te preste el departamento otra vez, la respuesta es no.
-¿Todas las tías son unas solteronas malhumoradas? No tengo otra como para comparar.
-¿Solterona? Parece que te escapaste de 1920, Agus.
-¿Me vas a contar lo del pibe o no? 
-Se recibió de otra cosa, ganó plata, viajó un poco, se juntó, tuvo dos hijos. Fin.
-Esa es la parte aburrida de la historia. Contame TU parte.
-...
-¿Eso fue una sonrisa?
-Lo quise muchísimo a Walter... Le tengo que poner agua al mishi.
-¡Ah, no! Ahora no te vas a escapar. ¿Qué pasó con Walter? ¿Cuernos? ¿Se aburrieron?
-No. No es tan sencillo. Él... él había sufrido mucho en su vida y se merecía ser muy feliz. 
-¿Por qué no con vos?
-Ay Agus... La gente cree que puede redimir los errores de otros. Pero repite las mismas historias siempre. Generación tras generación. Ser inteligente es darse cuenta de la propia incapacidad a tiempo y no caer en lo mismo. Parejas infelices, hijos desprotegidos, vidas de mierda. ¿Contento?
-¡Ey! ¿Y yo? Hay cambios, tía. Eso es lo que más me gusta de la Historia: los cambios. Por ejemplo, uno bueno sería que vos dejaras de esconder abajo de la cama los cuadros que pintás, ¿no te parece?
-Son basura, Agustino. 
-¿Decís eso para que te halague un poco? 
-...
-¿Te pusiste mal? No hablemos más de ese tema.
-Por levantarme el ánimo, siempre metés la pata. Che, yo ya tendría que empezar a armar el bolso. 
-¿De qué es el encuentro esta vez?
-Literatura de terror, con Howard Lovecraft como estrella. Lo bueno es que él solamente tiene "amor" en el apellido.
-Entonces te vas a divertir bastante. ¿No te da pena dejar el departamento solo un fin de semana? ¿Y el pobre gato?
-Sos un carnaza. ¿Se sigue diciendo eso?
-No que yo sepa. Dale tía, si sabés que dejo todo como lo encontré.
-Si ponés esa cara me hacés acordar a cuando eras chiquito. Tus papás no te daban golosinas y me las venías a pedir a mí. "Nada de caramelos" pero hasta las lechugas son unos mutantes con agrotóxicos. "Menos gaseosas" pero la hidrofractura nos contaminó las reservas de agua. Sos un verdadero hijo de la movida verde, eh. Está bien, vos me podés. Te merecés el departamento, pero ya sabés las reglas.
-¡Gracias, gracias, gracias! Sos la mejor.
-Claro, eso decís ahora.

Romina cerró la puerta con llave cuando su sobrino se fue.
Por un momento se quedó frente al espejo de la entrada, analizando los ojos de su gemela de vidrio. No pudo hacerlo más de unos segundos. Hace años que la mirada propia se había vuelto más incómoda que cualquier otra.
Pensó: "fui inteligente, fui generosa". Pero cuando abrió la boca, los labios se le movieron solos: "fuiste cobarde, Romina".

***

-Podríamos ver alguna clásica. ¿Conocés a Tarantino? 
-No mucho. Agus, ¿cómo es tu tía?

Almendra escudriñaba el mueble lleno de libros y de vez en cuando tomaba alguno.

-Eh... En aquella repisa tiene una foto conmigo. 
-¿Pero cómo es su personalidad?
-No sé, es bastante alegre, informal. A veces un poco melancólica. ¿Por qué? 
-La mayoría de los libros son de terror y misterio. 
-¿Qué tiene? Son gustos. También pinta unos cuadros súper siniestros y es más inofensiva que un conejito. ¿Qué peli vemos?

Almendra dejó un libro en su lugar y sonrió. Esa noche vieron “Pulp Fiction”. 

Agustino nunca se había fijado mucho en las particularidades de la biblioteca de su tía. El domingo a la tarde entró solo al departamento. Después de resistirse unos minutos, fue hacia la habitación. Debajo de la cama de Romina encontró una veintena de cuadros. Quizás no habían alcanzado la perfección técnica, pero sin dudas lograban impactar. Daba la impresión de que cada uno era parte de la misma historia. 

Todos estaban firmados con las iniciales R. H. y el año en que habían sido pintados. El más viejo era de 2019.
El muchacho los dejó en su lugar y se recostó en el sillón. Ya se notaba un cambio de tonalidades en la luz del ambiente. Oscurecía inexorablemente y sintió miedo de estar tan solo. El aire se le hacía pesado. Empezó a ver a su tía cavando una fosa, escondiéndose entre los árboles grisáceos de los bosques que había pintado, con una cogulla negra que la protegía de la lluvia. Vio sus manos ensangrentadas y una sonrisa en su rostro de mujer joven. Dilucidó por aquel gesto que le producía una gran alegría ver el cadáver aún tibio de Walter.

El maullido estridente del gato, hizo que Agustino se sobresaltara.


***

-Aah, sucucho, dulce sucucho. Por suerte sigue en pie. Gracias por irme a buscar, nene.
-¿Al final cómo estuvo tu reunión de señoras literatas?
-¿Señoras literatas? Por favor… Era una convención llena de frikis. Con tantos efectos especiales y tentáculos, me sentía en la filmación de “El llamado de Cthulhu”. Y cuando presentaron al holograma hablante de Howard, casi me muero de susto y emoción. Hay cosas a las que todavía no me acostumbro.
-Tía…
-¿Sabés en qué estuve pensando? Tengo que hacerte caso, organizar alguna muestrita con mis cuadros. Obvio que selecciono los mejores. Supongo que algún contacto me puede conseguir un buen lugar. ¿Te acordás de lo que hablamos? Me di cuenta de que hay cosas que no cambian. A mí me sigue gustando el mate aunque la yerba esté a trescientos pesos el kilo. A la gente le sigue gustando tirarse de una montaña rusa, ver una película de terror, enamorarse, qué sé yo, le gustan las emociones fuertes, las sensaciones nuevas. Ahora te muestro mis pinturas y me decís si te parecen lo suficientemente curiosas, ¿querés?
-Las vi cuando no estabas, tía. Aunque no sean morbosas como la saga de “Caníbales del Fin del Mundo”, tienen algo oscuro que se te queda en la cabeza, algo demasiado creíble. Demasiado.
Romina bajó la mirada. La efervescencia de hace unos instantes era ahora solamente una sombra que se pronunciaba en las ojeras. Qué sabía su sobrino de cómo se canalizan los dolores. Él, tan joven y feliz, todavía no tenía idea de que la única manera de olvidar algo que te carcome por dentro, es con algo peor.

Agustino sintió una culpa inabarcable. Pensó en lo mucho que le gustaba a él verificar datos históricos, comprobar que las cosas habían sido de una forma y no de otra, saber qué consecuencias tenía cada crisis, cada guerra, cada atrocidad.  Pero por esta vez, que la historia que contaban aquellas pinturas fuese verdadera o falsa, no importaba.

-A mí me gustaron mucho. Te va a ir genial, tía.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sacrilegios

Muchacho, hijo de la canela, ojos oscuros, temor de la leña.
Algo aparece, arrastra eras inhumanas. La sangre grita, hierve, reclama.
Se vuelve todo poco, mucho no es nada.
No entiendo la sombra, no digo palabra.
Me olvido de las formas. Lo civilizado es farsa.
Se quemó el suelo, se esfumó la casa.
Yo ya no sé qué es el diablo o de qué diablos me hablan.

Macramé


Me hacés sentir un escritor cualquiera, alguno de esos que conozco sólo por la fotito en blanco y negro de la contratapa de novelas del siglo pasado. Eso me siento, un hombre maduro y gris, encomendado a la acción de inventarse una historia en la que un personaje igual de gris que él mismo, conoce al menos por un rato el amor de una Minerva. Todo suele terminar trágicamente.
Pero lo mío no termina, porque para que haya desenlace debió haber primero un desarrollo. Y acá lo único que crece es el desconcierto de no saber si estás sospechando de esta historia que tiene de fondo esa música que me gusta a mí y resulta que también a vos.
¿Por qué este misterio que me vuelve un Narciso ahogado y no algo más simple? Porque es lo único que tenemos.
En el sueño acelerado de un lunes te sentí tal real que me convencí de que eso eras. El sueño de un lunes. No importa si en otra parte de la Tierra vos estás llevando tu cuerpo a caminar por el pastito del patio y tocás ramas y adornos de macramé.

martes, 27 de enero de 2015

Jaulas


Le dió otro sorbo a la botella. Veneno de uva. El ventilador no ayudaba mucho. Su perro Trapiche ladró, seguramente se vendría una tormenta.
Dentro de su cabeza ya había truenos hace rato. Ese televisor viejo y pesado no era buena compañía y el diario de ayer le daba náuseas. Sobre todo las contratapas con "increíbles noticias científicas", que le parecían un chiste absurdo.
"¿Hace cuánto vengo leyendo que encontraron un planeta potencialmente habitable a miles de millones de años luz? ¿En qué carajo me afecta eso a mí?" Y otro sorbo más.
El viento se volvió más fuerte y las nubes más negras. El hombre se levantó y salió, casi llevándose puesta la lámpara de pie. Trapiche ladeó la cabeza y, extrañamente, no quiso acompañar a su dueño.
La calle era la de siempre. Alguna que otra luz encendida, algún televisor con el volumen alto. Subió por la calle 65. Los negocios estaban cerrados y la gente encerrada. Ningún humano a la vista, pero tantos fantasmas... él ya estaba acostumbrado. Siempre saludaba a la señora de la casa de puertas altas y corroídas que sólo él veía.
Cuando iba a doblar por 117, sintió martillazos en el interior del cráneo. Trató de apoyarse en la pared, quiso respirar hondo. La vista se le nublaba y el pecho le dolía. Se levantó como pudo y trató de volver a su casa.
Algunas pantallas centelleaban a través de las ventanas.
"¿Quién le va a dar de comer a Trapiche? ¿Quién va a regar el romero?"
¡Cómo ansió un sol nocturno, cómo esperó una mirada compasiva! Pero ni siquiera se quejó cuando su cabeza golpeó los adoquines. Le sonrió a las jaulas de cemento.
La primer gota de lluvia cayó sobre su frente. La sintió como una caricia, como un suspiro de alivio. Cerró los ojos.

martes, 9 de diciembre de 2014

Provisorio para siempre

"Esperá que te traigo un almohadón. Lo guardé por la lluvia del domingo."
En el patio hay un sillón hecho de un armazón de metal oxidadísimo y redondeado. El asiento y el respaldo están compuestos por unos cables de plástico verde. Si estuvieran todos los hilos presentes y en su lugar, sería bastante cómodo. En su momento debió ser una pieza innovadora. Pero así como está, es prácticamente inutilizable si no se le pone un almohadón o algún tipo de base.
"Los cables de abajo se los até provisoriamente hace veinte años. Es provisorio para siempre."
Se fue a dormir una siesta tardía. Y yo me quedé tomando mates en el sillón cableado.
Voy a pensar en vos entre cebada y cebada; en que tengo que hacer valer las horas; en que el miedo es otro invento; en que si quisiera podría cambiar las cosas ahora mismo. Pero voy a adoptar la actitud temporal de que las cosas pasan por algo y tengo que dejar que así sea, que pase el viento, que se lleve todo, que haga lo que quiera.
Voy a pensar eso provisoriamente para siempre.

miércoles, 30 de julio de 2014

Si esta noche el mundo frenara


Si esta noche el barrio entrara en un sueño eterno, porque algún hechizo cayó sobre una nueva Bella Durmiente y no hay príncipes por acá (malo sería que entre tantas cosas además tuviésemos que soportar títulos monárquicos)...
Si esta noche el mundo se detuviese porque los agujeros negros no eran sólo una superstición de Discovery Channel y vaya a saber qué cosa antimaterial nos tragara...
Si esta noche una erupción volcánica indecible nos petrificara como pasó en Pompeya...
Si alguna de estas u otras circunstancias inimaginables llegaran súbitas, terminantes, imparables, durante esta noche en que la calma es tan absoluta y la persiana agujereada deja pasar luces irregulares desde la calle...

Después de esto, si algún día se encontrara alguien con los vestigios paralizados de lo que soy esta madrugada, le pido por favor que no se fije en los ojos que miran la pared vacía, que no rebusque entre los libros a medio leer y los platos sin lavar, que no pierda tiempo enumerando defectos y virtudes igual de inservibles. Solamente que observe el gesto. La sonrisa plácida, sarcástica y poco perceptible que esconde un sólo pensamiento: "Si esta noche el mundo frenara... todo importaría una mierda."

¿Por qué queremos a Nick Drake?

-¿Por qué queremos a Nick Drake? ¿Porque murió joven, hermoso y deprimido?
-No, eso no sería nada novedoso.
-¿Por empatía? ¿Porque fue y no es? ¿Por darle la gloria que no tuvo en vida?
-No. Escuché "Fruit tree" por casualidad en la radio y me desesperé pensando que podría ser la primera y última vez.
-¿Lo hubieses querido igual aunque te encontraras con que era cualquier anglosajonito contemporáneo en su garage?
-Sí.
-¿Y aunque fuese novio de una actriz de Hollywood y se autorretratara todo el tiempo?
-No creo que él...
-¿Si o no?
-Sí, sea quién fuese, la obra sería hermosa de todas formas. Pero sólo puede ser resultado de lo que Nick fue en realidad.
-Uhm... prueba superada.
https://www.youtube.com/watch?v=Y8MQcrR4OSc


lunes, 23 de junio de 2014

Cita breve para despavilar-me

 "Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria." J.L.B

Moralejas

Había algo raro en la tranquera. "Es un capullo de mariposa". Esperamos por días. La gloria de las siete de la tarde dedicada a pasar un rato ahí, expectantes. Hasta nos habíamos decidido a acampar cerquita. Volvimos a entrar temprano la primer noche, una historia de murciélagos nos espantó.
"¿De qué color será?" y no pasaba nada. "Ni se te ocurra tocarla" y los ojos achinados por el verano clavados ahí.
Pero nunca la vimos aparecer. Los días se acortaron, Gastón perdió la paciencia y a pesar de las súplicas despavoridas, rompió el capullo. Casi para mi alivio, no había rastros de nada.
Vaya a saber si estuvimos admirando un hueco todo ese tiempo y dedicamos las tardes a una cubierta farsante que nos esperanzaba, a un cascarón que prometía virtud pero no guardaba más que vacío.
La desilusión la olvidamos rápido, había cachorros por cuidar, años por gastar. Para moralejas teníamos el libro de fábulas ilustradas.

viernes, 6 de junio de 2014

Don Nadie

Estaría en contra del esse est percipi (ser es ser percibido) pero las pruebas nunca me favorecerían. La historia nos lo indica.
Aunque en mi visión ególatra yo soy "un soldado desconocido en la guerra del individuo contra la sociedad". Y como tal, odio cualquier retrato, caracterización o intento de ubicación en góndolas. No quiero tener cara, biografía ni lazos. Soy un tipo que pide demasiado, entiendo.
Antes tuve otras ansias. Un campo por labrar, un título enmarcado, una mujer que encantaba las mañanas. Pero huí a tales aspiraciones. Y de golpe me encontré alquilando consejos de lobo de estepa. Sin retratos míos o de los demás. Como si todo se lo hubiese llevado el fuego. O el agua. O el tiempo.
Para ser yo, tengo que ser nadie. Sino soy solamente un espejo, un elemento de utilería en el que alguien se busca sus defectos, una construcción ajena.
Me esforcé mucho en lograr ser yo mismo. El otro día recorrí mil vidrieras y no me reflejé en ninguna. Si paso frente a los perros no hay quien ladre. Y el espejito del baño sólo muestra azulejos blancos.