lunes, 23 de junio de 2014

Moralejas

Había algo raro en la tranquera. "Es un capullo de mariposa". Esperamos por días. La gloria de las siete de la tarde dedicada a pasar un rato ahí, expectantes. Hasta nos habíamos decidido a acampar cerquita. Volvimos a entrar temprano la primer noche, una historia de murciélagos nos espantó.
"¿De qué color será?" y no pasaba nada. "Ni se te ocurra tocarla" y los ojos achinados por el verano clavados ahí.
Pero nunca la vimos aparecer. Los días se acortaron, Gastón perdió la paciencia y a pesar de las súplicas despavoridas, rompió el capullo. Casi para mi alivio, no había rastros de nada.
Vaya a saber si estuvimos admirando un hueco todo ese tiempo y dedicamos las tardes a una cubierta farsante que nos esperanzaba, a un cascarón que prometía virtud pero no guardaba más que vacío.
La desilusión la olvidamos rápido, había cachorros por cuidar, años por gastar. Para moralejas teníamos el libro de fábulas ilustradas.

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