Me hacés sentir un escritor cualquiera, alguno de esos que conozco sólo por la fotito en blanco y negro de la contratapa de novelas del siglo pasado. Eso me siento, un hombre maduro y gris, encomendado a la acción de inventarse una historia en la que un personaje igual de gris que él mismo, conoce al menos por un rato el amor de una Minerva. Todo suele terminar trágicamente.
Pero lo mío no termina, porque para que haya desenlace debió haber primero un desarrollo. Y acá lo único que crece es el desconcierto de no saber si estás sospechando de esta historia que tiene de fondo esa música que me gusta a mí y resulta que también a vos.
¿Por qué este misterio que me vuelve un Narciso ahogado y no algo más simple? Porque es lo único que tenemos.
En el sueño acelerado de un lunes te sentí tal real que me convencí de que eso eras. El sueño de un lunes. No importa si en otra parte de la Tierra vos estás llevando tu cuerpo a caminar por el pastito del patio y tocás ramas y adornos de macramé.


