Antes que nada, tengo que explicar en qué contexto estoy escribiendo esto.
Hace un tiempo leí un libro titulado "El libro sin nombre", que como estrategia de marketing (o al menos eso supuse en aquel momento) advertía que al finalizar la lectura, uno se encontraría muerto.
Por la simple curiosidad de saber de que se trataba, comencé a avanzar a través de sus páginas. Tenía una trama curiosa, atrapante. Cuando llegué al final de la historia al cabo de unos días, ya había olvidado la amenaza.
A la noche siguiente noté algo extraño. Algo casi imperceptible, pero real. Un susurro lejano, apagado. ¿Nunca tuvieron la sensación de que alguien los observa en silencio? ¿Nunca sintieron una fría mirada clavada en sus nucas? Desde aquel día maldito en que leí la última página, yo siento eso.
Sin embargo, siempre fui una persona muy escéptica. Jamás creí ninguna de las historias que tantos cuentan fervorosamente. Toda mi vida supuse que cada vez que creía enfrentar algo sobrenatural no era más que un exceso de imaginación, una mala pasada de mi mente. Hasta hoy.
Me desperté sin razón en medio de la noche. La sensación de siempre estaba hoy más fuerte, más clara, era sin dudas, una realidad. Me dirigí al pequeño patio de mi casa. Sin explicación. Simplemente porque sí, porque me sentía inconscientemente atraída hacia allí. La brisa fresca de febrero se hizo sentir rápidamente. No le presté atención. Miré hacia la luna, que se encontraba desdibujada entre oscuras nubes. Me quede embelesada mirándola, como un mosquito que observa una lámpara eléctrica. Hubiera podido estar así toda la noche, pero un chasquido me llamó la atención desde mi izquierda. Giré mi cabeza para ver de que se trataba, casi molesta por haber sido distraída de mi extraña labor de observadora. Fue entonces cuando lo vi.
No grité, no hablé, no me moví. Simplemente me paralicé y observé impresionada. Por unos breves segundos no encontré una forma reconocible. Aunque cuando vi claramente sus ojos clavados en mí, ya no me quedaron dudas. Pero eso no fue todo, hay algo más... Algo que temo decir por miedo a que me tomen por loca. Siento la necesidad de contarles de todas formas. Quién sabe, quizás en un rato ya no pueda...
...nunca crean en las patrañas que otros inventan. Déjenle lugar a la duda siempre. A lo largo de nuestra vida somos víctimas de muchas historias, de muchas mentiras, de muchas invenciones vanas. Y no me refiero al Tetué o a Papa Noel. Sino a aquellas personas que tienen el descaro de mirarnos a los ojos y mentirnos. Mentirnos por salvar su pellejo, mentirnos porque les es más fácil que enfrentarnos con la verdad. De eso quería hablar hoy, de lo horrible que es la mentira, en cada una de sus facetas. En el político, en una persona en que creíamos confiar ciegamente, en el vendedor de productos mágicos de la tele. Ya estamos acostumbrados a la mentira. Debería dejar de ser así.
En cuanto a mi extraña introducción, lo único cierto es que soy extremadamente escéptica, que me levanté sin razón por la madrugada y que leí ese libro (por cierto, era una farsa repleta de vampiros, muy gastada, pero aún así una buena historia). Quería salir de mi discurso filosófico común y demostrarles que la facilidad para la mentira es un recurso del que puede estar provisto cualquiera. Ahora me voy, Drácula me espera en la terraza.



