martes, 9 de diciembre de 2014

Provisorio para siempre

"Esperá que te traigo un almohadón. Lo guardé por la lluvia del domingo."
En el patio hay un sillón hecho de un armazón de metal oxidadísimo y redondeado. El asiento y el respaldo están compuestos por unos cables de plástico verde. Si estuvieran todos los hilos presentes y en su lugar, sería bastante cómodo. En su momento debió ser una pieza innovadora. Pero así como está, es prácticamente inutilizable si no se le pone un almohadón o algún tipo de base.
"Los cables de abajo se los até provisoriamente hace veinte años. Es provisorio para siempre."
Se fue a dormir una siesta tardía. Y yo me quedé tomando mates en el sillón cableado.
Voy a pensar en vos entre cebada y cebada; en que tengo que hacer valer las horas; en que el miedo es otro invento; en que si quisiera podría cambiar las cosas ahora mismo. Pero voy a adoptar la actitud temporal de que las cosas pasan por algo y tengo que dejar que así sea, que pase el viento, que se lleve todo, que haga lo que quiera.
Voy a pensar eso provisoriamente para siempre.

miércoles, 30 de julio de 2014

Si esta noche el mundo frenara


Si esta noche el barrio entrara en un sueño eterno, porque algún hechizo cayó sobre una nueva Bella Durmiente y no hay príncipes por acá (malo sería que entre tantas cosas además tuviésemos que soportar títulos monárquicos)...
Si esta noche el mundo se detuviese porque los agujeros negros no eran sólo una superstición de Discovery Channel y vaya a saber qué cosa antimaterial nos tragara...
Si esta noche una erupción volcánica indecible nos petrificara como pasó en Pompeya...
Si alguna de estas u otras circunstancias inimaginables llegaran súbitas, terminantes, imparables, durante esta noche en que la calma es tan absoluta y la persiana agujereada deja pasar luces irregulares desde la calle...

Después de esto, si algún día se encontrara alguien con los vestigios paralizados de lo que soy esta madrugada, le pido por favor que no se fije en los ojos que miran la pared vacía, que no rebusque entre los libros a medio leer y los platos sin lavar, que no pierda tiempo enumerando defectos y virtudes igual de inservibles. Solamente que observe el gesto. La sonrisa plácida, sarcástica y poco perceptible que esconde un sólo pensamiento: "Si esta noche el mundo frenara... todo importaría una mierda."

¿Por qué queremos a Nick Drake?

-¿Por qué queremos a Nick Drake? ¿Porque murió joven, hermoso y deprimido?
-No, eso no sería nada novedoso.
-¿Por empatía? ¿Porque fue y no es? ¿Por darle la gloria que no tuvo en vida?
-No. Escuché "Fruit tree" por casualidad en la radio y me desesperé pensando que podría ser la primera y última vez.
-¿Lo hubieses querido igual aunque te encontraras con que era cualquier anglosajonito contemporáneo en su garage?
-Sí.
-¿Y aunque fuese novio de una actriz de Hollywood y se autorretratara todo el tiempo?
-No creo que él...
-¿Si o no?
-Sí, sea quién fuese, la obra sería hermosa de todas formas. Pero sólo puede ser resultado de lo que Nick fue en realidad.
-Uhm... prueba superada.
https://www.youtube.com/watch?v=Y8MQcrR4OSc


lunes, 23 de junio de 2014

Cita breve para despavilar-me

 "Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria." J.L.B

Moralejas

Había algo raro en la tranquera. "Es un capullo de mariposa". Esperamos por días. La gloria de las siete de la tarde dedicada a pasar un rato ahí, expectantes. Hasta nos habíamos decidido a acampar cerquita. Volvimos a entrar temprano la primer noche, una historia de murciélagos nos espantó.
"¿De qué color será?" y no pasaba nada. "Ni se te ocurra tocarla" y los ojos achinados por el verano clavados ahí.
Pero nunca la vimos aparecer. Los días se acortaron, Gastón perdió la paciencia y a pesar de las súplicas despavoridas, rompió el capullo. Casi para mi alivio, no había rastros de nada.
Vaya a saber si estuvimos admirando un hueco todo ese tiempo y dedicamos las tardes a una cubierta farsante que nos esperanzaba, a un cascarón que prometía virtud pero no guardaba más que vacío.
La desilusión la olvidamos rápido, había cachorros por cuidar, años por gastar. Para moralejas teníamos el libro de fábulas ilustradas.

viernes, 6 de junio de 2014

Don Nadie

Estaría en contra del esse est percipi (ser es ser percibido) pero las pruebas nunca me favorecerían. La historia nos lo indica.
Aunque en mi visión ególatra yo soy "un soldado desconocido en la guerra del individuo contra la sociedad". Y como tal, odio cualquier retrato, caracterización o intento de ubicación en góndolas. No quiero tener cara, biografía ni lazos. Soy un tipo que pide demasiado, entiendo.
Antes tuve otras ansias. Un campo por labrar, un título enmarcado, una mujer que encantaba las mañanas. Pero huí a tales aspiraciones. Y de golpe me encontré alquilando consejos de lobo de estepa. Sin retratos míos o de los demás. Como si todo se lo hubiese llevado el fuego. O el agua. O el tiempo.
Para ser yo, tengo que ser nadie. Sino soy solamente un espejo, un elemento de utilería en el que alguien se busca sus defectos, una construcción ajena.
Me esforcé mucho en lograr ser yo mismo. El otro día recorrí mil vidrieras y no me reflejé en ninguna. Si paso frente a los perros no hay quien ladre. Y el espejito del baño sólo muestra azulejos blancos.

domingo, 4 de mayo de 2014

El último tren

Este es el mío -se dijo Eduardo- ¡al fin llegó!
Contento y silbando bajito, se subió al tren. Se acomodó en un vagón semivacío, cerca de la ventanilla. El sol estaba paralelo a los árboles, en ese punto en que las ramas son el único obstáculo y el suelo parece rayado de luz y sombra.
Eduardo se sacó los lentes, no los iba a necesitar. Al fin y al cabo las caras borrosas al menos albergan la posibilidad de la simpatía y, por otro lado, los atardeceres desenfocados recuerdan a películas con bonitas bandas sonoras.
Tan feliz y satisfecho iba el hombre mientras el paisaje cambiaba, que no podía evitar sonreír ante esa melancolía dulce con gusto a infancia. Entonces se sacó el audífono que llevaba en el oído izquierdo, tampoco era necesario para este viaje. El bullicio cercano se volvió un murmullo, el traqueteo del tren sonaba como un ronroneo.
Se sintió acunado. En los pliegues infinitos de su rostro sentía la caricia del sol flaco. Y en sus ojos entrecerrados, un fulgor que era lágrima, que era luz cálida.
A pesar de que no podía ver ni escuchar del todo lo que estaba pasando alrededor, una vez que cerró los ojos encontró la imagen vívida de esa mañana: una manito que se agitaba y un "¡Chau abuelo!".
Entonces Eduardo reaccionó, se puso sus lentes y el audífono,  bajó en la estación siguiente y pensó:
-Puedo esperar mi tren, puedo esperar.

martes, 4 de marzo de 2014

La revista del domingo

-Mirá esto, aparecen artículos sobre el estrés y la depresión hasta en la sopa. ¿No te digo yo? A la gente la enferman.
-Sí, no sé. Yo me estuve sintiendo un poco reprimida.
-¿Deprimida?
-No, reprimida. Con ganas de salir corriendo.
-¿En qué sentido?
-Es como si este no fuera ni mi lugar ni mi tiempo y tuviese que encontrar el indicado.
-Ah. No te preocupes, a mí en el laburo me dan ganas repentinas de estar en una hamaca paraguaya con una cocada...
-No, esto va más allá de eso. A veces me quiero escapar de este cuerpo. Me siento maniatada. Estoy en medio de cualquier situación cotidiana y de repente me asalta una sensación fuertísima de descontento, de desorientación. ¿Nunca lo notaste? Me voy, me pierdo. Sigo acá pero no estoy. Siento que no soy mi yo verdadero. Y no sé cómo repararlo. Es como ese peso invencible que no te deja salir corriendo en los sueños. ¿Entendés? Todo me parece una ilusión de la que me tengo que escapar.
-Ah, claro. Che mirá, en la misma revista hay un artículo sobre las propiedades benéficas del tomate. Tendríamos que comer más ensalada.

martes, 14 de enero de 2014

Espectro

Una caricia fantasma. Como el que pierde una pierna y continúa sintiéndola.
Escuchaba "Angie", tal vez por intensificar ese gusto a tristeza justificada. Claro, si de esto hablan de pronto todas las canciones del mundo. Hubiese sido lo mismo si miraba por la ventana o charlaba con el gato. No era el masoquismo de buscar tristeza escondida, era que ella aparecía por donde se le antojara. 
Tanto por perder. Los días se vengan, no les gusta que la gente especule con ellos. Se enojan con el artista que decide trabajar en un estudio contable y con quien construye ciudades en las nubes. 
Odiaría decir que algo de esto estaba escrito, pero no tengo espacio para abarcar ningún tipo de odio. Otro tipo de sentimiento ya se expandió y colapsó cada fibra. Y ahora son tan pocas las cosas que importan.
Como en las historias de esos espíritus que por alguna razón no quieren abandonar los lugares en los que fueron realidad, así es el espectro de esta caricia. Maldiciones sin cura inmediata. Embrujo a prueba de olvido.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Semejanzas

Pocas cosas me hubiesen divertido más que pasar esas semanas leyendo a filósofos moralistas alemanes, sólo por el placer de descubrir sus mentiras. Por esos días también trataba de aprender la Polonesa  Heroica en el piano. 
No es que yo fuera un tipo amante de lo excéntrico, pero había descubierto que nada caía peor que yo llegara de zapatos lustrosos y ropa sobria y oscura contrastando con mi palidez casi enfermiza, y comenzara a hablar con propiedad y a halagar a Frédéric Chopin. Era mi manera preferida de irritar. No lo hacía como un gesto de arrogancia ni de actuada superioridad sino porque solía caer muy mal: era la forma de mostrarme en descontento con todo lo que me rodeaba. Cuando una persona mayor me halagaba por mi comportamiento y expresaba que sería bueno que mis pares actuaran a semejanza, me corrompía el desprecio y me esforzaba por dejar al adulador como un ignorante, le escupía la cara de manera verbal.
Pero a quien conocí por entonces no le contentaba lo verbal y llevaba los escupitajos a la práctica siempre que tenía oportunidad. La primera vez que lo vi, admito que me inspiro más risa que miedo, respeto o rechazo, que supongo que era lo que se proponía lograr. Llevaba un pantalón de tela escocesa roja y una remera ajada con inscripciones en inglés. Tenía un gesto de rudeza imitada, tachas y otros artilugios de metal por doquier y un peinado mohicano muy bien logrado.
"Pichón mal aprendido de Nietzsche" pensé al pasar. O murmuré. O dije en voz alta, probablemente. El sujeto en cuestión me miró sorprendido y citó:
-"El individuo siempre ha tenido que luchar para no ser absorbido por la tribu. Si tratás de hacerlo, estarás constantemente sólo y algunas veces temeroso. Pero no hay precio demasiado alto que pagar por el privilegio de ser tu propio dueño".
-¿Usuario de Tumblr o una página parecida?- me burlé.
-No: pichón mal aprendido de Nietzsche.
  
Sería interesante contarles que nuestro encuentro terminó mal, pero sonrió y yo vislumbré un sincero gesto de complicidad que me enorgullece mantener. Pasé el resto de ese verano tratando de combinar a Chopin con Sex Pistols.