Si palabras bonitas hay muchas y pueden matar igual.
Él corría. Y ellas iban detrás.
No sé que creyó. Imaginó mal.
No era esa imagen simétrica de dulzura superficial.
No, ¡yo no bailo tap!
Gritarle en la cara hasta desbarrancar.
Otra peluca telefónica que va y va.
¡No señor, yo no soy un congelado mar!
Guarde sus patines, acá no se viene a jugar.
¡Muerte al cascarón! ¡Muerte al frigobar!
¿Sentido? Sentido es mi pésame.
Otro sentido no hay.
Que se queme en su fuego, que disfrute su sal.
Que arda y se revuelque.
Que renazca y se vaya de acá.
Mi corazón no es carne, no es cajita de cristal.
Es un puño cerrado, con melodía impar.
Y si el suyo es zamba con un acorde de paz,
¡yo no lo creo, enjuto animal!
Mire sus cadenas, ni es criollo ni es zorzal.
Usted tiene dueña, usted carece de libertad.
¿Sentido? Sentido es mi pésame.
Otro sentido no hay.
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