Pocas cosas me hubiesen divertido más que pasar esas semanas leyendo a filósofos moralistas alemanes, sólo por el placer de descubrir sus mentiras. Por esos días también trataba de aprender la Polonesa Heroica en el piano.
No es que yo fuera un tipo amante de lo excéntrico, pero había descubierto que nada caía peor que yo llegara de zapatos lustrosos y ropa sobria y oscura contrastando con mi palidez casi enfermiza, y comenzara a hablar con propiedad y a halagar a Frédéric Chopin. Era mi manera preferida de irritar. No lo hacía como un gesto de arrogancia ni de actuada superioridad sino porque solía caer muy mal: era la forma de mostrarme en descontento con todo lo que me rodeaba. Cuando una persona mayor me halagaba por mi comportamiento y expresaba que sería bueno que mis pares actuaran a semejanza, me corrompía el desprecio y me esforzaba por dejar al adulador como un ignorante, le escupía la cara de manera verbal.
Pero a quien conocí por entonces no le contentaba lo verbal y llevaba los escupitajos a la práctica siempre que tenía oportunidad. La primera vez que lo vi, admito que me inspiro más risa que miedo, respeto o rechazo, que supongo que era lo que se proponía lograr. Llevaba un pantalón de tela escocesa roja y una remera ajada con inscripciones en inglés. Tenía un gesto de rudeza imitada, tachas y otros artilugios de metal por doquier y un peinado mohicano muy bien logrado.
"Pichón mal aprendido de Nietzsche" pensé al pasar. O murmuré. O dije en voz alta, probablemente. El sujeto en cuestión me miró sorprendido y citó:
-"El individuo siempre ha tenido que luchar para no ser absorbido por la tribu. Si tratás de hacerlo, estarás constantemente sólo y algunas veces temeroso. Pero no hay precio demasiado alto que pagar por el privilegio de ser tu propio dueño".
-¿Usuario de Tumblr o una página parecida?- me burlé.
-No: pichón mal aprendido de Nietzsche.
Pero a quien conocí por entonces no le contentaba lo verbal y llevaba los escupitajos a la práctica siempre que tenía oportunidad. La primera vez que lo vi, admito que me inspiro más risa que miedo, respeto o rechazo, que supongo que era lo que se proponía lograr. Llevaba un pantalón de tela escocesa roja y una remera ajada con inscripciones en inglés. Tenía un gesto de rudeza imitada, tachas y otros artilugios de metal por doquier y un peinado mohicano muy bien logrado.
"Pichón mal aprendido de Nietzsche" pensé al pasar. O murmuré. O dije en voz alta, probablemente. El sujeto en cuestión me miró sorprendido y citó:
-"El individuo siempre ha tenido que luchar para no ser absorbido por la tribu. Si tratás de hacerlo, estarás constantemente sólo y algunas veces temeroso. Pero no hay precio demasiado alto que pagar por el privilegio de ser tu propio dueño".
-¿Usuario de Tumblr o una página parecida?- me burlé.
-No: pichón mal aprendido de Nietzsche.
Sería interesante contarles que nuestro encuentro terminó mal, pero sonrió y yo vislumbré un sincero gesto de complicidad que me enorgullece mantener. Pasé el resto de ese verano tratando de combinar a Chopin con Sex Pistols.
